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Debe ser premeditadamente ambivalente, debe ser capaz, tanto de movilizar a nuestro electorado natural como hacerse sentir y crear interés en todo el electorado en general.

Ante nuestros seguidores deberemos dar un mensaje diferenciado en sus contenidos, y si es posible también en las formas, para asegurarnos su lealtad debemos ser coherentes con la ideología que encarna el partido, adaptándola a la realidad que nos rodea, pero no debemos caer en el sectarismo. Es aquí donde debemos tocar la fibra sensible de los nuestros. Para llevar a feliz término nuestro proyecto político deberíamos reclutar al menos el 85% de los que votaron a nuestras siglas en los comicios anteriores.

Ante el público en general nos presentaremos como político/a que busca el acuerdo mediante el diálogo con todas las partes y que gobernará con moderación. Nuestro mensaje debe ser el de un inmejorable gestor. En circunstancias normales se recupera el 85% del voto del partido, pero el porcentaje que se pierde debe compensarse, o mejor aún, ampliarse, conquistando nuevos votantes fuera de nuestras fronteras ideológicas, y preferiblemente sustraer votantes a nuestro más directo rival. En este debate prima la imagen de buen gestor, de gobernante eficiente, de credibilidad a fin de cuentas, sea en el nivel local, autonómico o nacional.

Nos presentaremos defendiendo un puñado de proyectos, que previamente nos hemos asegurado que conectan con nuestro electorado y que pueden ser también ampliamente compartidos por los votantes de nuestros adversarios. Es preferible la calidad y claridad de unas pocas propuestas que la cantidad de propuestas. Se impondrá un programa breve y de gran apoyo ciudadano, de amplios consensos a uno extenso y aburrido. La exposición de nuestros planes de gobierno debe hacerse con un lenguaje estándar, evitando tecnicismos. Debemos administrar el tiempo y preferiblemente ser breves a no pecar de pesados. Nuestras ideas deben ser claras, cortas, concisas, y repetidas una y otra vez, pero no deben aburrir al electorado pero sí asegurarnos que llegan a él, y que somos nosotros a quién debe votar. Y sobre todo nos debemos hacer entender, los votantes deben comprender nuestro programa.

 

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